Gas y petróleo: La producción cae, pero De Vido mira otra película


Existe preocupación en Argentina por la caída de la producción de hidrocarburos y el incremento de importaciones (ABI)
    Buenos Aires, ARGENTINA 15 jun (ABI).- No es sencillo hacer creer que algo ostensiblemente complicado es una cosa menor, y tampoco aspirar a que luzca bajo control. Esa magia ensaya Julio De Vido, cada vez que habla sobre la situación energética, señala un informe publicado el martes por el diario El Clarín de Argentina.

    Anota que en medio de los cortes de gas a las industrias, De Vido dijo que habían sido ?programados con las empresas a partir de una administración y planificación de la demanda?. Y que ?así se hace todos los inviernos?. Claro, porque todos los inviernos hay problemas, aunque esta vez se anticiparon.

    El ministro de Planificación también afirmó que los cortes sólo habían afectado a las empresas con servicios interrumpibles, o sea, aquellas que pagan tarifas más baratas y no tienen asegurado un abastecimiento permanente. En realidad, les tocó a ellas y a otras que, con contratos en firme, pagan más para tener gas garantizado. En fin, nada que tampoco pueda ser presentado como un hecho normal.

    Según De Vido, cuando lleguen nuevos barcos regasificadores mejorará el panorama. Si no es un elogio a la importación, cuanto menos significa el reconocimiento de la escasez. Los buques traen gas licuado del exterior y aquí lo transforman en gas natural.

    Pero no habrá para todos, ni siquiera para todas las empresas con contratos en firme. El Gobierno decidirá a quién si y a quién no, discrecionalmente o en base a las prioridades que los funcionarios establezcan.

    Desde hace un tiempo, los barcos regasificadores se han agregado a la lista de recursos que el Gobierno emplea en su afán por tapar la crisis energética. Fuentes privadas calculan que este año habrá unos 16 en operaciones y 20 o 22 durante 2011. Se ha convertido en una herramienta habitual, aunque nuevamente no da como para quedarse tranquilos.

    Argentina importa gas de Bolivia, electricidad de Brasil y hasta de Uruguay. Trae gasoil en cantidades y le compra fuel a Venezuela bajo acuerdos cargados de sospechas. Todo representa una factura enorme, que crece de año en año: similar al reloj de los taxis.

    El Clarín subraya que en la base del problema está la caída de la producción de gas y petróleo: la de gas baja desde 2004 y la de petróleo viene en pendiente a partir de 1998. Eso se paga con importaciones masivas.

    Enfatiza que el punto es que el horizonte pinta para peor porque, ante la ausencia de inversiones en exploración, también hay un pertinaz achicamiento de las reservas. En opinión de algunos especialistas, la mayoría de los yacimientos llevan arriba de 20 años de explotación a fondo, o sea, se exprime lo que existe.

    Hay más de lo mismo. Estimaciones privadas proyectan, para este año, una caída del 4 por ciento en la producción de gas y otra semejante en 2011. En petróleo, sería de alrededor del 2 por ciento, que se sumará al bajón cercano al 30 por ciento acumulado desde 1998. Al menos aquí, surge nítida una herencia que recibirá el gobierno que venga, cualquiera sea su color.

    Así, hasta lo que es bueno puede dejar de serlo en toda su dimensión. Con una economía que crece al 6 o por encima del 6 por ciento serán necesarios más gas y más electricidad. Y en el faltante de ambos se expresa el cuello de botella.

    Obviamente, este proceso se proyecta sobre los combustibles. Un trabajo presentado en un ciclo organizado por el Instituto General Mosconi revela que, entre 1998 y 2008, la elaboración de gasoil no creció nada, mientras la de naftas bajó 36 por ciento. Medidas en volumen, sin el efecto precios, las importaciones de gasoil aumentaron un 90 por ciento de 2004 a 2008.

    El cuadro completo explica los cortes a las industrias. Igual que haber llegado al extremo de desabastecer las garrafas, nada menos que el gas de los pobres, para alimentar las redes domiciliarias: la idea fue que una cosa iba a meter menos ruido que la otra.

    Es cierto que el consumo domiciliario crece en los días de bajas temperaturas, como dijo De Vido cuando justificó los cortes. Crece en invierno y también en verano, crece desde hace varios años.

    Influyen los subsidios indiscriminados o, más bien, los que estimulan la demanda y aún el derroche en los sectores de mayores recursos. Entre eso y lo que cuesta sostener la estructura energética, en los primeros cinco meses de 2010 se han gastado unos 6.000 millones de dólares.

    Plata por donde se mire. Incluso en obras costosas, como las dos centrales hidroeléctricas que se construirán en Santa Cruz, que saldrían cerca de 4.000 millones de dólares y bancará el Estado. Según un ranking de la propia Secretaría de Energía, hecho en base a lo que llama ?calificación económica?, había otros proyectos mucho más prioritarios: los santacruceños ocupan el puesto 23, sobre 30 analizados.

    Entre los anotados a la licitación figuran dos grupos cercanos al Gobierno. Parecido al caso de una compañía contratista que registró un crecimiento vertiginoso durante los años K: directa o indirectamente, aparece en un número de inversiones tan considerable como que maneja, ya, un portafolio calculado en 4.500 millones de dólares.

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